AL MICROSCOPIO
Alivio para los embriones
Por Jorge Alcalde
En ocasiones, la ciencia camina por los senderos que dicta la moral casi sin darse cuenta, como por accidente. Muchas veces, cuando surgen en los medios de comunicación grandes polémicas éticas sobre el uso de tal o cual nueva tecnología, sobre la viabilidad de una nueva terapia o sobre un avance en la manipulación de embriones, lo mejor es sentarse a ver pasar el río esperando que las cosas se calmen y el tiempo ponga a cada uno en su sitio. Al final siempre termina poniéndolo.
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¿A CUENTO DE QUÉ VIENE ESTO?
Pues de una reciente noticia científica cuyas implicaciones éticas pueden ser mucho más importantes de lo que, en principio, pareciera. Un nuevo estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York ha desvelado que en la médula espinal de los seres humanos habita una célula que puede transformarse a sí misma en prácticamente cualquier órgano del cuerpo. Se trata de la célula pluripotencial definitiva, la madre de todas las células madre.
¿PLURIPOTEN? ¿QUÉ?
Se llama células pluripotenciales a aquéllas que carecen de una función especial, más bien tienen la virtud de especializarse en otro tipo de células que tienen que ver con el desarrollo de un determinado órgano o tejido. También se las conoce como células madre. Al contrario de lo que ocurre con otras compañeras que en estado adulto están altamente especializadas (por ejemplo, las células encargadas de fabricar sangre, sólo sirven para eso), las pluripotenciales pueden hacer prácticamente cualquier cosa que les ordene la naturaleza. Hasta el momento, se ha detectado este tipo de células en diferentes fuentes, pero, por desgracia, sólo las que habitan en los embriones han demostrado una flexibilidad y versatilidad óptima.
POR DESGRACIA
Sí, porque estas células, que ofrecen fascinantes posibilidades para la curación de enfermedades o la regeneración de tejidos dañados, sólo pueden cultivarse en embriones humanos fertilizados al efecto y que, luego, son desechados. Es lógico, que amplios sectores de la sociedad hayan manifestado sus reparos morales ante esta práctica que supondría la destrucción de miles de embriones humanos manipulados.
OPCIÓN MÁS RAZONABLE
Pero avances como este que aquí reseñamos, la obtención de células pluripotenciales a partir de médula ósea vienen a corregir el problema. Estas células son tan flexibles como las embrionarias, por lo tanto, ofrecen las mismas ventajas que éstas para la práctica médica. Podrían obtenerse, cultivarse y modificarse para regenerar tejido cardiaco de una persona infartada, por ejemplo, o para aliviar los síntomas de un Parkinson o para mejorar las expectativas de transplante de un enfermo. Pero, además, se localizan en el cuerpo de una persona adulta, no es necesario destruir ningún embrión ni manipular a ningún ser para obtenerlas.
¿VEN CÓMO HAY QUE ESPERAR?
Lo que les decía: a veces, basta esperar a que la propia ciencia se autocorrija. Las células identificadas en Nueva York son capaces de desarrollar prácticamente cualquier tejido incluyendo sangre, tejido pulmonar, tracto intestinal y piel. Y nadie podrá poner ningún reparo a su utilización. Basta extraer una muestra de médula (quizás en el futuro será suficiente con la obtención de un poco de sangre) de una persona adulta que consienta la operación y todo un abanico de milagros estará a disposición de la ciencia.
Si esta línea de evolución terminara cuajando, la medicina se habría quitado de encima uno de los más hondos debates bioéticos de la historia reciente y habría abierto el camino para un empleo digno y moral de las células madre. Ahora sólo falta esperar que se arrimen los recursos humanos y económicos suficientes al empeño.
Aunque, ahora que lo pienso. Si la manipulación terapéutica de embriones empieza a carecer de sentido, ¿qué excusa va a poner la señora Emma Bonino para declararse en huelga de hambre?

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