EL GRAN HERMANO ELECTRóNICO
¿Alguien más lee mis emails?
Por 142
Hace unos días un estudiante chileno de 13 años mandó un correo electrónico a una persona en Massachusetts. Era un mensaje privado de los miles de millones que circulan cada día por la red. Sin embargo el contenido del mensaje hizo que sonaran las alarmas y que el FBI y la CIA se movilizaran. Y es que el niño había escrito, en broma, que iba a atentar contra Bill Clinton en el Times Square Garden de Nueva York.
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La historia puede recordar mucho al argumento de la película “Enemigo Público”. Una vez detectado el mensaje la CIA comenzó la investigación ya que Clinton visitaría Nueva York por esas fechas. El receptor del mensaje, que resulto ser un marine, fue interrogado y dio la pista de que el mensaje venía de Chile, así que hacia ese país se dirigieron las pesquisas. El joven chileno fue localizado rápidamente si bien aclaró que se trataba de una broma con la que trataba de contestar a los insultos que había sufrido por parte del marine.
¿Cómo es posible que un mensaje concreto sea interceptado y analizado si cada día circulan millones por la red?. Hace unos años, muchos acusaron al Gobierno de los Estados Unidos de magnificar el lado negativo de Internet para conseguir un clima de opinión favorable al control de una red nacida libre. Libre, y por lo tanto peligrosa. En ella piratas informáticos, pedófilos y terroristas campaban por sus anchas. Y quizás aprovechando esta excusa y utilizando las enormes posibilidades que ofrece la tecnología se ha pasado a controlar todo o casi todo.
El 21 de octubre de 1999 miles de internautas participaron en una curiosa campaña: incluir al final de todos sus mensajes una lista de palabras como presidente, bomba, atentado, asesinato, USA, etc. Se trataba de intentar bloquear un sistema de control de Echelon. ¿Echelon? Es una red de espionaje encubierta que ha evolucionado desde los tiempos de la Guerra Fría. Actualmente está formada por EEUU, Canadá, Reino Unido, Nueva Zelanda y Australia. Durante mucho tiempo todos negaron su existencia. Se llegó a comentar que era además una alianza en contra de Europa y que los americanos la utilizaban para realizar espionaje industrial. El Parlamento Europeo estudió crear una comisión de investigación sobre este tema, pero finalmente y a pesar de la presión de Francia no se aprobó.
Echelon controlaba, y quizás lo siga haciendo, todo. No se contentaban con interceptar mensajes concretos de presuntos delincuentes sino que escudriñaban todas las comunicaciones en busca de pistas. El sistema es sencillo, imagine que crea un filtro que le avisa cada vez que alguien envía una determinada palabra o una combinación de palabras. Una vez creado sólo hay que investigar esos mensajes. ¿Pero quien decide cuales son esas palabras?.
En este último año se ha hablado mucho de Carnivore un programa informático que el FBI estadounidense ha creado para rastrear los emails de personas sospechosas en busca de palabras comprometedoras. Recientemente el Departamento de Justicia de los EEUU ha iniciado una investigación para comprobar si el uso de este programa puede violar la ley de privacidad, pero todo parece indicar que, de momento, lo están usando. Y es que aunque para la utilización de este programa es necesaria una orden judicial, Carnivore no deja rastro y podría usarse sin permiso.
Pero no sólo los gobiernos aspiran a ser el Gran Hermano que todo lo controla. Las grandes multinacionales también “supervisan” los emails de sus empleados. Buscan mensajes a empresas de la competencia o que contengan palabras como sueldo, demanda de empleo, etc.
Frente a estas prácticas hay poco que hacer ya que no hay una constancia clara de que nuestros mails o mensajes puedan estar siendo leídos por alguien más. Además, el uso de estas técnicas es más sencillo de lo que parece. Pinchar miles de teléfonos supondría un gran esfuerzo y miles de personas trabajando. Rastrear millones de emails es muy sencillo. La única defensa posible es la encriptación de los mensajes. La encriptación supone el cifrado de un mensaje de tal manera que se convierte en una serie de caracteres sin sentido. Cuando el mensaje llega a su destinatario, este utiliza una clave que vuelve a convertirlo en un texto coherente. El más popular de estos programas es el Pretty Good Privacy (PGP). Su uso se va extendiendo sobre todo ahora que su utilización es más sencilla.
Así pues si decide enviar un mensaje de broma diciendo que va a asesinar al presidente de los Estados Unidos no olvide encriptarlo, o indicar reiteradamente que se trata de una broma. De lo contrario, unas horas más tarde quizás alguien llame a su puerta… para hacerle unas preguntas.

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