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15 de Diciembre de 2000

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DRAGONES Y MAZMORRAS

Algo que contar

Por Julia Escobar

No recuerdo quién dijo aquello de que el que viaja siempre tiene algo que contar, pero es una verdad como un templo. La prueba es que yo siempre que puedo me asomo al mundo ya sea por lo real o por lo virtual. Aunque al final lo que queda es lo escrito, por eso se han puesto de los nervios Prada y Cía, porque aunque han viajado a Guadalajara (México) a costa del erario público, en realidad es como si no lo hubieran hecho, al haberles ninguneado los organizadores en la cosa escrita.
Peor nos ha ido a otros que nos hemos quedado aquí sin tan siquiera poder recurrir al pataleo ni tener nada que contar que no sea de oídas y de leídas. Pero qué se puede esperar de una feria que inauguraba Felipe González, un tipo que mientras fue presidente del gobierno mostró una indiferencia soberana por la cultura. Según me dicen la polémica que se desató en España no tuvo eco en México aunque el diario francés “Le Monde”, le dedica unas líneas en su suplemento literario. Al Ministerio le han metido un gol y supongo que Fernando Lanzas no volverá a repetir la experiencia. Y mi enhorabuena a Carlos García Gual, comisario de la cosa, por haber salido indemne de esta pelea de la que, en definitiva, él era el principal responsable.

La verdad es que los de Cultura son unos sufridores de tomo y lomo. Se pasan la vida dándole gusto al personal y concediendo premios a autores que les desprecian y les vituperan en cuanto tienen ocasión. Por ejemplo, vean el caso de Francisco Umbral, flamante Premio Cervantes de la temporada. Dejando de lado sus indudables méritos como escritor, Umbral lleva años suspirando, peleando, complotando y llorando por conseguir ese premio que le era negado sistemáticamente por razones tan extraliterarias como habituales en estos premios de excelencia literaria. Pues bien, ya se lo han dado ¿y qué ha dicho? Que si el Ministerio de Cultura desapareciera no pasaría nada. Cierto, dirán ustedes, pero él se habría quedado sin su premio y, lo que es peor, sin los quince millones libres de impuestos que se llevará directamente al bolsillo este gran prosista y creador de lenguaje.

Y sin movernos de México resulta que ahí es novedad (espero que lo sea pronto en España) un libro de Jorge Herralde, el editor barcelonés, dueño y director de Anagrama. Lo he leído en el suplemento de “La Vanguardia”, donde habla de él Sergio Vila-San Juán. El libro se titula Opiniones mohicanas y en él cuenta sus peripecias como editor independiente, especie que como saben ustedes corre serio peligro de extinción. Tal vez por eso le ha puesto ese título, pensando en el Último mohicano de James Fenimore Cooper.

Es gracioso porque al analizar las causas de su éxito, Vila-San Juán lo achaca a su constante tendencia a la izquierda, amén de a otras cosas mucho más importantes, por supuesto. Y digo que es gracioso porque precisamente Herralde es de los pocos editores que ha sabido sacudirse el lastre de lo “políticamente correcto” dando cabida en su catálogo a autores que habrían sido rechazados con horror por las editoriales que sí han mantenido siempre una marcada tendencia a la izquierda. Por ejemplo, ¿se imaginan a Alfaguara publicando a Michel Houellebecq? ¡De cuántos lodos tienen algunos que sacudirse el barro todavía!

Cambiando de registro, pero siempre en nuestro papel de curiosos viajeros, no hay que perderse la macro muestra de arte latinoamericano que está ocupando “ahorita mismo” varias plantas del Museo de Arte Reina Sofía. Se titula Versiones del Sur y es el no va más de lo moderno. Sin embargo se trata en realidad de un proyecto antiguo que se le ocurrió a José Guirao, el antiguo director del Museo al que mi predecesora, la inefable Clara de Luna llamaba “el pajarito”, durante la celebración de la XVI edición de ARCO dedicada a Latinoamerica.

El proyecto, según me dicen, incluía algunas propuestas que han sido paradas a tiempo. Una de ellas, cuando me la contaron, me puso los pelos de punta y tenía ya avisada a las sociedades protectoras de animales y otras oenegés por si acaso. Se trataba de una creativa intervención en la que 100 artistas plásticos brasileiros 100, degollaban 100 pollos 100 en el parque del Retiro, cabe el estanque. Lo que no sé es lo que pensaban hacer con los cadáveres, si asarlos y repartirlos entre los pobres o exponerlos en el Reina Sofia. Como ven Guirao no quería que le olvidaran y pensaba dejar el Museo lleno de plumas.
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