Texto grandeTexto normal
Ideas Ir al contenido
30 de Septiembre de 2000

En portada

Seat Alhambra V6 SportPor Enrique González
¿Viven peor ahora los rusos?Por José Ignacio del Castillo
Los miedos de Mohamed VIPor José Apezarena
Comienza la ópera en BilbaoPor Carlos de Matesanz
El mundo y sus demoniosPor Antonio López Campillo
Best-sellers de economíaPor Bruce Bartlett
ETAPor Antonio López Campillo
Lo último en el mercadoPor Enrique González
No parar ni un momentoPor Carlos Pérez Gimeno
Alemanes en MadridPor Pablo Jimenez
Los libros del díaPor Varios autores
Cambio de estrategiasPor Diana Molineaux
Datos de competiciónPor Enrique González
Impuesto a la muertePor Walter Williams
¿En verdad se aman?Por Lucas Soler
De todo, como en boticaPor Andrés Arconada
Semana del 23 al 29 de septiembrePor I. González y Rosana Laviada
Roma citta apertaPor Julia Escobar
Fanhunter o la realidad ilógicaPor David Jiménez Torres
No nos hagamos demasiadas ilusionesPor Carlos Semprún Maura

Suplementos

Compartir

Buscador

Google
Palabra (s)

EXPOSICIONES

Alemanes en Madrid

Por Pablo Jimenez

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía acaba de inaugurar una exposición que recoge una selección de obras pertenecientes a la colección Grothe y que muestran una visión especialmente completa y representativa de aquellos artistas más importantes del arte alemán de estos últimos 40 años.
Se trata de una colección muy singular ya que su propietario, Hans Grothe, consiguió reunir 700 obras de 28 artistas pertenecientes a los últimos movimientos del arte alemán de este siglo (la selección que ahora presenta el MNCARS se reduce a cien obras de 18 artistas). Simplemente el hecho de plantear una colección sobre un número muy reducido de artistas, pero representados por un número muy elevado de obras, ya supone, en sí mismo, un atractivo inusual; pero además si tenemos en cuenta que la colección se centra en muchos de los artistas más sólidos del panorama europeo, y no sólo alemán, de las última décadas podremos hacernos una idea de la verdadera importancia de este conjunto artístico.

La exposición reúne a nombres como los de Stephan Balkenhol, Georg Baselitz, Joseph Beuys, Abraham David Christian, Hanne Darboven, Günter Förg, Jörg Immendorff, Anselm Kiefer, Imi Knoebel, Markus Lüpertz, Blinky Palermo, A.R. Penck, Sigmar Polke, Gerhard Richter, Ulrich Rückriem, Reiner Ruthenbeck, Katharina Sieverding y Resemarie Trockel, representados por obras de primerísima importancia.

Con este punto de partida el futuro espectador puede prepararse para una experiencia estética de envergadura, siempre y cuando haya estado atento a los avatares del arte en los años 80, en los que, muy especialmente en España pero no sólo en España, estos nombres tejieron una nueva mitología del arte que devolvió legitimidad a la pintura y trastocó la escala de valores plásticos, estéticos e incluso de escalafón.

La importancia en España de la influencia de los artistas alemanes, y también, aunque en menor medida, de los italianos de la misma generación, fue determinante y marcó una década, la de los 80, de euforia y esperanza cumpliendo el papel de telón de fondo de una libertades recién conquistadas en la vida. Fue la estética que acompañó al PSOE en su llegada al poder y la que marcó el fin de la transición. También en el arte esa historia terminó en una cierta debacle, se desplomó el mercado, se perdieron las ilusiones y se padeció una resaca inclemente y cruel.

Pero la estética de esos años del entusiasmo sigue ligada a estos artistas alemanes que, ajenos a todas nuestras transformaciones, consiguieron remover y renovar los principios del arte alemán, intentando plantear sus propios conflictos nacionales y culturales.

Para los espectadores que puedan acercarse a esta exposición con mirada más inocente, lo que se les ofrece no es menos fascinante. El arte alemán de estos años, y en concreto el que representan los artistas aquí reunidos, plantea, en toda su intensidad, los grandes conflictos y las grandes inquietudes que nos acechan a quienes nos ha tocado vivir este final de siglo.

Desde los planteamientos de Beuys, nombre mítico para una generación entera de artistas, exigiendo de nosotros una mayor espiritualidad, intentando un diálogo espiritual con la naturaleza y con sus imágenes; un diálogo consigo mismo, al mundo hiriente, pero bello, de Baselitz, en el que intenta reencontrar la inocencia arañando en una primera tradición alemana, intentando, así, devolverle al arte una elementalidad épica, la colección recoge un momento especialmente intenso del arte de este siglo, porque se trata de un arte que consigue hacer que nos sintamos concernidos por su discurso y por la intensidad de sus sentimientos.

Resulta difícil pararse en el comentario de algunos pocos artistas u obras en un conjunto tan deslumbrante por su calidad. Pero, aunque sólo sea a título de ejemplo, o como muestra de mis preferencias personales, a los comentarios anteriores añadiré alguno breve sobre unos pocos artistas especialmente intensos o seductores.

Gerhard Richter, por ejemplo, del que se muestra, entre otros, una fantástica “Vista de Madrid”, es uno de los artistas que con mayor sensibilidad, talento y acierto plástico ha conseguido interesarnos por las fronteras del mundo de la pintura y la fotografía. Sobre aquella vieja historia del arte como mímesis. Sus obras son siempre de una pulcritud técnica y de una inteligencia realmente emocionantes.

Como en otro orden de cosas lo es RoseMarie Trockel, con un mundo tremendamente sensible que desde la elementalidad de lo más cotidiano consigue adentrarse por el camino de lo asombroso, lo misterioso y lo insólito. Es algo así como una Alicia en el país de las maravillas con un fondo algo perverso.

Polke, Penck, Lüpertz, etc... son otros tantos nombres que merecerían un comentario, por breve y esquemático que fuera, de su propuesta. Pero bien mirado tampoco es necesario. Lo mejor de esta exposición no está en su carácter arqueológico de reconstrucción de un momento históricamente importante del arte alemán y, por ende, del arte europeo. Ni siquiera en la importante repercusión que eso tuvo en España y en los artistas españoles; no lo que significó como primera respuesta contundente de un movimiento europeo a la preeminencia del arte norteamericano en esta segunda mitad de siglo.

Lo realmente fantástico de esta exposición es que consigue reconciliar esos menesteres más académicos con su gran capacidad para hacernos sentir y vivir de manera intensa y diferente los problemas, las inquietudes y las curiosidades que compartimos, como hombres que somos, en este mismo final de siglo.
RSS © Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
    Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899