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25 de Mayo de 2001

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CRóNICAS REALES

Adolfo, el buen vasallo

Por José Apezarena

El Príncipe Felipe acudió a su casa en cuanto recibió la noticia, y don Juan Carlos, acompañado de la Reina, fue a darle un abrazo apenas bajar del avión, al llegar del viaje oficial a Polonia. Adolfo Suárez es persona querida en la Casa Real y esas muestras de aprecio resultaban obligadas cuando se produjo el fallecimiento de Amparo Illana, su mujer.
Suárez es uno de los pocos españoles que tuteaban a don Juan Carlos cuando era Príncipe, y lo siguió haciendo siendo Rey. Ya en la Presidencia del Gobierno, se pasó a una fase de distanciamiento, sobre todo cuando Suárez recibió el refrendo de las urnas al ganar sus primeras elecciones democráticas, y acabó en aquella violenta y desgarradora despedida de La Zarzuela, el día en que decidió que no podía aguantar más como Presidente de este país. Un momento terrible, que le dejó helado ante la indiferencia que la pareció percibir de parte del Monarca.

Al pasar de los años, el ex-presidente centrista volvió a recuperar la cercanía de don Juan Carlos, hasta convertirse en una de las pocas personas con acceso directo a La Moncloa. En esta nueva etapa, no solamente ha tenido oportunidad de sentar algunas opiniones —siempre con respeto y cuidado—, sino sobre todo ha podido prestar delicados servicios a la Institución, de esos que muy pocos están en condiciones de realizar, y menos aún de mantener en reserva.

No han faltado también momentos de cansancio por parte del político, que sin embargo ha conseguido superar, por lealtad personal, pero sobre todo por sentido de Estado. Porque no sobran en el entorno del Rey las personas con voz propia y con tanta autoridad personal y política. Aunque no pocas veces no se les haga caso.

Adolfo Suárez es, en resumen, un buen vasallo —en el más digno sentido de esta palabra— y por eso don Juan Carlos ha deseado, una vez más, mostrar que lo sabe y valora. Y que existe un aprecio sincero.
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