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22 de Octubre de 2000

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CRóNICAS REALES

Abdicación en el Gran Ducado

Por José Apezarena

Luxemburgo parece estar asentando poco a poco, como quien no quiere la cosa, una práctica que puede resultar enormemente beneficiosa para las Monarquías del nuevo milenio: la abdicación sistemática y programada de los Soberanos en sus hijos.
La abdicación es el desistimiento de la Corona por parte de su titular, y en general hasta ahora se apreciaba en todas las Monarquías cierta resistencia a practicarla. Por ejemplo en don Juan de Borbón, cuando explicaba a su hijo, aún muy niño, que los reyes lo son para siempre, no abdican.

En Luxemburgo, sin embargo, lo de abdicar se está convirtiendo en costumbre. En 1964, la Gran Duquesa Carlota decidió ceder la Corona a su hijo Juan, y ahora éste, que cumple 80 años y llevaba 36 en el Trono, ha abdicado en su hijo y heredero Enrique. En la Navidad del año pasado lo anunció, explicando que había llegado el momento de confiar la responsabilidad a la próxima generación. Enrique, de 44 años, está casado y tiene cinco hijos. La ceremonia, por cierto, ha tenido que ser retrasada unas semanas sobre la fecha prevista por el gravísimo accidente de circulación que sufrió en París Guillermo, hermano del nuevo Monarca.

Existen también otros precedentes próximos de abdicaciones en las Monarquías europeas. Leopoldo de Bélgica abdicó en su hijo Balduino (aunque en este caso por la impopularidad de Rey debido a sus vinculaciones con los alemanes), y Juliana de los Países Bajos lo hizo, en 1980, en favor de su hija Beatriz.

Sabido es que una de las amenazas que sufre el sistema monárquico ahora es la tendencia demográfica, caracterizada por la alta subsistencia de las personas, que alcanzan los setenta y ochenta años en plenitud de facultades, frente a los cincuenta o sesenta años de media, como mucho, en siglos pasados. Ese plus de veinte años supone que los príncipes herederos han de aguardar más que nunca a que se cumplan, vegetativamente, las previsiones sucesorias, con el fallecimiento del Rey. Lo que provoca que los Príncipes se pasen cuarenta y cincuenta años a la espera de suceder a su padre/madre, algo que ocurre cuando ellos casi son unos viejos. Ahí está, por ejemplo, el lamentable caso de Carlos, Príncipe de Gales.

Esta realidad ha provocado, incluso, que algunos lleguen a plantear que “no estaría mal que los reyes se jubilaran y abdicaran al alcanzar los 65 o los 70 años de edad”. Por lo que se refiere a nuestra Casa de Borbón, costumbre no falta. En su historia ha habido nada menos que ocho abdicaciones: Felipe V en Luis I, Carlos IV en Fernando VII, Fernando VII en Carlos IV, Carlos IV en Napoleón, Carlos IV de nuevo en Fernando VII, Isabel II en Alfonso XII, Alfonso XIII en don Juan de Borbón, don Juan en don Juan Carlos I. Es más, desde Carlos IV todos los monarcas españoles excepto uno han tenido que renunciar a la Corona, y éste único, Alfonso XII, murió tempranamente, a los 28 años, por la tuberculosis.
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