MúSICA CLáSICA
A dónde vamos a ir a parar
Por Carlos de Matesanz
En los años 80, en pleno furor a favor de las interpretaciones con instrumentos originales —interpretaciones “filológicamente correctas” —, todos aquellos que no se dejaban cegar por el fanatismo de tal moda, o aquellos otros que —retrógrados impenitentes— no admitían sus bondades, se preguntaban, casi escandalizados “A dónde vamos a ir a parar” cuando esas interpretaciones “de época” pasaban del siglo XVIII al XIX. Primero fue Beethoven el afectado, luego les llegó el turno a Schubert, Mendelssohn, Schumann e incluso Brahms. Hasta a Wagner llegó a hincarle el diente Norrington con sus London Clasical Players. Pero vamos, ya parecía que, de ahí en adelante, poco podía hacerse. Las diferencias entre los instrumentos de finales del XIX y los actuales son mínimas. En broma se oía siempre aquello de “hasta la Traviata nos la darán con instrumentos de época”. Bueno, pues mucho más que “La Traviata”: el “Falstaff”, la última y más moderna de las óperas de Giuseppe Verdi, una obra casi del siglo XX acaba de ser grabada por una agrupación que actúa con instrumentos decimonónicos: la Orquesta Revolucionaria y Romántica, fundada y dirigida por sir John Elliot Gardiner.
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La verdad es que la propuesta —aunque los intérpretes disten bastante de ser los ideales— es interesante, como experimento... aunque no sé yo si los experimentos no serían mejor con gaseosa que con “Falstaff”, que es una obra maestra absoluta a la que hay que tratar con respeto. Pero en fin, como anécdota del año Verdi en que estamos, es más que jugosa. Además, tiene cosas tan positivas como la joven y bella voz de Sara Mingardo como Mrs. Quickly o el siempre portentoso Coro Monteverdi.
Lo que es más discutible es la línea de estos experimentos. El hecho de que artistas como Trevor Pinnock o The Tallis Scholars hayan caído en la inactividad discográfica o incluso carezcan de sello con el que grabar, es bastante indicativo del grado de saturación en que se encuentra el mundo del disco de música antigua. Durante décadas, éste ha sido el sector discográfico más activo: había que volver a grabar con instrumentos originales las grandes obras barrocas y clásicas y había que descubrir aún mucho repertorio. Ahora, ni el mismo Harnoncourt sabe hacia dónde tirar y vuelve a grabar por segunda vez la Pasión según San Mateo. Gardiner, ya ven, se pasa a Verdi; y a Verdi, Gardiner le sienta como a un santo dos pistolas.
Hace años que el maestro británico —por otro lado, excelente músico— frecuenta caminos ajenos a la música antigua: ópera francesa y música británica, sobre todo; de Chabrier a Britten y de Holst a Berlioz. Sus gloriosas interpretaciones de oratorios de Händel tal vez hubieran permitido ampliar su repertorio —apoyado siempre en su magnífico Coro Monteverdi, uno de los mejores del mundo— hacia los oratorios de Elgar y música similar. Sin embargo, últimamente se descuelga con cosas como Bruckner y este Verdi, que sin duda atraen mucho más comercialmente. De lo que no se han dado cuenta Gardiner ni algunos ejecutivos discográficos es del tirón que tendría la zarzuela interpretada al modo Monteverdi; vamos, que ya me imagino una “Revoltosa” con Mari Pepa en miriñaque y Felipe con armadura dorada.
No se rían. Más comerciales aún son los Beatles —para eso nacieron ¿no?— y ya ha habido un conjunto barroco que ha grabado en Naxos un disco con versiones instrumentales de sus temas más populares. Así que ya ven el panorama... con razón podremos hacernos los escandalizados y clamar aquello de “Pero a dónde vamos a ir a parar”.
RECOMENDACIONES DISCOGRÁFICAS
VERDI: “Falstaff”. Lafont, Martinpelto, Mingardo, Michaels-Moore, Evans, Palombi. Coro Monteverdi. Orquesta Revolucionaria y Romántica / John E. Gardiner. PHILIPS 462 603-2 (121’17”) 2 CD.
He aquí la grabación que ha originado el artículo de cabecera de esta semana. Si les pica la curiosidad, les informamos de su contenido. Repaso rápido al elenco solista: bien actuado y no mal cantado el Falstaff de Jean-Philippe Lafont, pero de voz nada vibrante; irritantemente asépticos los cantantes británicos: Anthony Michales-Moore (Ford), Peter Bronder (Dr. Cajus), Francis Egerton (Bardolfo), Rebecca Evans (Nanetta) y Eirian James (Meg), esta última con voz nada atractiva; bien Hillevi Martinpelto como Alice —bella voz e interpretación madura y sentida— y magnífica Sara Mingardo, aunque un poco corta en los extremos y en exceso juvenil de timbre, como la matronal y tremenda Mrs. Quickly. Soso Antonello Palombi como Fenton. Pero ni la mitad de soso que Gardiner, que se acaramela cuando uno menos se lo espera y se atropella en otros casos. Sin embargo, es curioso escuchar este “Falstaff” con instrumentos originales y con tan bello coro. A pesar de ello, no podemos olvidarnos que esta obra ha sido soberbiamente grabada por Toscanini o el joven Karajan, en registros magníficos con repartos memorables, que han de ser siempre primerísima opción.
BRITTEN: “Peter Grimes”. Pears, Watson, Pease, Kelly. Coro y Orquesta del Covent Garden / Benjamin Britten. DECCA 467 682-2 (144’22”) 2 CD.
Esta sí que es una interpretación que se aconseja por sí misma como primera opción entre las grabaciones de esta ópera británica fundamental en la historia del género lírico en el siglo XX. En primer lugar, porque la dirige el compositor, que tenía una excelente batuta; después, por ser interpretada por el compañero sentimental de éste, el tenor Peter Pears, artista de voz no muy bella, pero de gran profundidad y refinamiento. Para él fue escrito el papel de Grimes, que él interpretaba con intensidad y con un algo de quebradizo y paranoico. Sólo el tenor canadiense Jon Vickers ha sabido darle alternativa, interpretando un Grimes fiero, rebelde hasta el final y casi suicida; lo grabó con sir Colin Davis para Philips, por cierto, también con la orquesta del Covent Garden. Todos los demás han seguido la estela de Pears. En esta grabación del año 58, reeditada ahora en la serie económica “Leyendas” de Decca, nos encontramos el documento de su vívida actuación. El resto del reparto es más que competente, con la bellísima voz de Claire Watson en el papel de Ellen Orford. Al ser un doble compacto de serie económica, no adjunta libreto; es la única pega.
VARIOS: Live recital. Luciano Pavarotti (tenor) y Leone Magiera (piano). DECCA 466 350-2 (68’19”).
Por seguir con la lírica, les traemos aquí el último disco de Pavarotti que, oh milagro, no es una centésima reedición, sino una nueva grabación. Se trata de registros en vivo de recitales dados en Viena, Zurich, París y Madrid (Teatro Real) a finales de los 90, acompañado por el discreto Leone Magiera, director de coros afecto al tenor modenés y pianista no demasiado solvente. El repertorio escogido —dejando a un lado unos Bononcini, Beethoven y Scarlatti iniciales, para el olvido— es propicio a un Pavarotti que se halla en pleno declive vocal; y esto es dramático para él, pues nunca ha tenido mayor arma que su voz: su talento interpretativo es bastante restringido. Ese repertorio, muy casero, es una tanda de canciones de salón de Bellini y Tosti, entre las que intercalan cinco arias operísticas (“Elisir d’amore”, dos de “Tosca”, “L’Arlesiana” y “Rigoletto”). La música es agradable y la interpretación también, aunque muchas de las páginas ya las había grabado el tenor en plenitud, siendo él su más cruda competencia.